Tendrás que dar la cara por mí. Los profetas ya me han dado sus avisos, y los jueces tienen ya su veredicto, mi tren ya pronto tiene que partir... ¿No vas a dar la cara por mí?
Y yo procuraré mantener la luz encendida por si se te ocurre volver de repente. Alumbrará este recuerdo incandescente el camino de vuelta, aquel que trazaron antes viejos fugitivos y nuevos amantes.